martes, 10 de julio de 2012

Cap 1

Era una de mejillas rosas

...los rayos solares rozaban sus mejillas, causándole un ardor tan diminuto como las uñas de sus meñiques.
tenía las comisuras de los labios inmóviles, perturbada y erguida encima de los cojines que había apilado sin cuidado alguno para una mejor visión de sus dominios y la experiencia indeleble de su sacrificio. ya había cortado sus pantalones y tenía el cabello recogido, pero eran las mejillas lo que tanto la perturbaba, lo que no le permitía sentirse "ella". Me dijo una vez -podría dormir en tus cabellos si conservaran para siempre ese olor a oso dormido. aunque estoy complacida de cómo me miras, podría no querer que me acompañes, si alguna vez he de irme de esta casa. toda vieja nuestra casa, luego será de alguien más.

pero nunca sé qué responder.



se estaba quedando sorda, a propósito tal vez, de encerrarse tanto tiempo en su almohada. era profundo su dolor y la confusión de conocer tal sentimiento, que sus ojos eran macetas vacías. ella no posee lágrimas por llorar, eso es lo peor de todo, su tristeza se asienta en su alrededor, durante largo rato. fue entonces que mi regalo significó, creo, para ella el nacimiento de otra vida, la cual para su conveniencia adoptó rápidamente. Creo que por eso nunca me preguntó su nombre, ni palabra salió de su voz al verla. comenzó a practicar la suplantación. cuando la buscaba por alguna razón, ella siempre respondía y daba su ubicación exacta dentro de la casona que, nuestra casona, habitábamos y entendíamos en todas sus dimensiones. los puntos exactos de nuestra comunicación, las paredes de esa casona hacían que se encuentren, nuestras voces, a veces, pensamientos. ahora, cuando la buscaba, me respondía, e iba a la habitación a comentarle lo que quisiera, después de un rato me daba cuenta que no era ella la que estaba ahí, sino la muñeca.
la muñeca sin nombre, de la que nunca hizo preguntas, la que le devolvió mirada a sus ojos cuando se encontraron, ahora pretendía ser ella, o ella pretendía ser la muñeca. -no hay nada que no sepas de mí, antes no importa, ahora soy diferente y todo no es nuevo ni viejo, simplemente es, o soy. y por ahora, soy contigo.

su cabello aclaró, sus pantalones se rasgaron hasta los muslos y su camisa ahora era remangada. era como si el verano la hubiera abrazado en un remolino de fuego lento y sin chispas durante la vigilia, en pocas semanas. yo no noté el cambio, o no me interesaba, hasta que la veía parada desde el mediodía, exponiendo sus mejillas pálidas al sol. la cama, los sillones, cualquier lugar de la casa era tibio, y se descansaba bien. de todo lo que había que hacer, que hablar, su desaparición al mediodía era inevitable. Algo me decía que al lograr su propósito, algo iba a pasar, Algo determinante, para ella, que posiblemente, Altas altas probabilidades, me iba a afectar directamente. 

una noche, de especial calidez entre las tantas sábanas en nuestro dominio, me dijo:
-nunca he pensado qué sería yo, sola, osea, lejos de aquí y que no estés. no es costumbre, ni monotonía, pero hace unos días que se me vino esa idea. no sé cómo sería dejarte o vivir en otro lugar o no vivir contigo, cómo habría sido si no te hubiera visto nunca. sé que ahora es distinto, pero hay cosas que permanecen. cómo es el cambio si no es absoluto, cómo cruzar límites si te arrastro delante mío a dondeseaquevaya. cómo sé que no hay mejor almohada que las nuestras? supongo que en algún momento llegará mi otoño y pisaré las hojas caídas, porque en esta casa no tenemos escoba, ni ganas de decidir por ella, casona vieja que vive con nosotros. pero por tí, mañana es un nuevo día.

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