jueves, 26 de julio de 2012

...tomó un cono del estacionamiento y proclamó con libertad premisas dictadas tantas veces, que un coro de años acompañaba sus palabras al unísono.


Algo tarde, ese día, (ella)revisaba cada carpeta en busca de información irrelevante que esté ocupando espacio sin necesidad alguna. Esa maldita manía de tomar miles de fotos y dejar que otros lo hagan, a la larga, generaba un fastidio para clasificar y escoger los pedazos de la hoja rota menos arrugados. apareció entonces, El espejo lateral de una habitación desconocida, que enmarcaba a dos sobrevivientes del desorden propio, la falta de comas en sus versos, el bocado de aire entre grito y grito. Una habitación como cualquier otra, y como muchas, seguramente, dentro de ese hotel, pero la vista del otro lado de un espejo transforma cualquier intento de duplicado. Dos personas que se quieren pero no pueden involucrarse porque la ambivalencia los consume, y no los deja seguir. Ambos necios y protestantes de su realidad, absortos de la necesidad demente a la cual sobrevivían todo momento que permanecían juntos. Pero el tiempo se encarga de disfrazar sentimientos y endurecer los rostros, para impedir respuesta de la sensación que me causa verte.  

Luego de tanto tiempo, y al ver que no podíamos ser de otra forma, no tuve más que proponerte que no debíamos pasar de la primera vez. Ahora te vería cada cierto tiempo, de forma distinta, no conocería tus perfumes ni adivinaría la ropa que te pondrías. Ahora no sabría acerca de una próxima vez, ni pensaría en encontrarte, ni mis sueños o desvelos se rebalsarían de tantas imágenes tuyas, vistas o previstas. Me habría olvidado de tus padres y tus amigos, cómo se llame tu perro o a donde apunta la cabecera de tu cama. Feliz, mi trabajo me permite las facilidades de este acuerdo, mutuo, no sujeto a cambios ni adaptable a las circunstancias. Viajar tanto y carecer de tiempo para gastar en frusilerías.
Era el día del mes que tocaba un espacio en blanco dentro de una agenda recargada, ese pequeño espacio pavimentado del vacío de color nuevo, sin modificaciones. Casi la misma hora, un lugar sin importancia, era tan rutinario que se sentían cómodos de lo nada especial de la ocasión. Las mismas entradas descordinadas y la falta de palabras dentro del refugio, donde sólo había espacio para contarse una sola respiración que saltaba de una boca a otra. Luego de darle luz a un enrolado, ambos pechos se hinchaban con paciencia y había ahora tiempo para algunas palabras.
-cómo te ha ido ah?
estoy tan feliz de verte, el tiempo y algo como las nubes me decían que pronto acordaríamos estas asquerosas reuniones. nada tan asqueroso como vernos como nos vemos, y querer decirte todo, pero nada. Nada, todo bien, harta chamba. qué bueno verte, qué tal tú?

es sorprendente, a veces, todo lo que se piensa antes de decir cualquier cosa, automático, y continuar hablando, perder el tiempo. Estas conversaciones aparecían con más frecuencia, tanto que tal vez ella como yo sabíamos que malograríamos el acuerdo bañado en hielo y sangre hecha roca de la coagulación, en nuestros órganos invisiblemente conectados sin sístole ni diástole que haga correr los ríos y sonar las piedras. Me había contado que seguía bien, pero ahora fotografiaba, era su nuevo hobby, fotografiaba y dejaba que fotografíen lo que querían, luego se pasaba el tiempo bien editando las fotos que le gustaban, borrando, posteando, etc. Se había agregado un perfil de fotógrafa, dueña de la luz, o algo así, que le agradaba Horrorosamente.
Seguíamos stonazos conversando, cuando nos miramos frente al espejo, así, en esas fachas, en una situación tan natural que ni la ropa ni el colirio habrían modificado el estado salvaje y desentendido de ese entonces, cuando le dije -deberíamos tomarnos una foto, no tenemos ninguna foto juntos.
tomó la foto, sin más, como rebanando un pan o doblando un papel, algo tan simple pero con cierto cuidado. Momento espontáneo.
- pásame la foto, así si uno muere, el otro la tiene.
Habría sido tan fresca mi cara, que sólo esbozó una sonrisa, pero imagino que algún día alguien más que yo contara esto que pasó en una de las tantas iguales habitaciones de hotel.


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